jueves, 21 de enero de 2016
Antividad diaria
Viviendo en una prisión con barrotes de oro,
sacando una sonrisa aunque sienta murciélagos.
¿Vivir la vida no es una opción para mí?
Pues ya sabes, viviré mi muerte.
La viviré odiando, tal y como me enseñaste,
predicaste con tu magnífico ejemplo de Leviatán.
Machacando y machacando perdiste tu dignidad,
ahora soy yo el que no aguanta más.
Ahora. Ahora le pido al cielo que por favor me libere,
pues aquí la soga aprieta más que nunca.
Reivindicación imposible ante tan dementora figura,
la alegría se desvanece, se pierde mi vida.
Todo este tiempo irrecuperable,
no me preguntéis a mi, yo no se donde estará.
Sólo se que alguien me lo arrebató, y con él se llevó la rima.
Siento que me pierdo entre arbustos envenenados,
que no encuentro Vida, sólo odio y desamparo.
Cuelgo las botas, pienso en negro.
No se puede vivir agónicamente más de 72 horas.
Grito en silencio, que si no, viene y se hace la oscuridad.
Lágrimas negras, inmerecidas, reflexionadas y establecidas.
Obligadas a salir por un monstruo robaalmas
que te compra por materia prima.
El producto soy yo, su recompensa, mi temor.
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