COMANDANTE DE LA REVOLUCION SIN ARMAS
Oh, comandante jefe de esta revolución sin armas
Sigues rechazándome en tu querer desmedido.
Sigues en un punto en el que me quieres
y no puedes cuidarme como yo a ti te cuido.
¿No es la rosa bonita hasta que la coges
y te das cuenta de que estas sangrando?
Pues yo te pincho, y tu me desangras.
Tu me hieres y a la vez me amas.
Y eso me duele.
Me duele que teniendo los enseres
necesarios para el amor, tan solo falte
la sal. Debería ser tan fácil de ser servida...
No eres culpable de nada. De nada te culpo
De mucho a mis sentidos y a los tuyos.
De mucho coraje con toques de rabia
esta aliñada mi alma, que es tu alimento
preferido. Y te quiero, muchacha.
Pero por algo el amor es complejo
porque dándote yo a ti, y tú
creyendo que me das, no es así.
No puedo reprochártelo;
nada me duele más
que ver tu nariz sonrojada,
tus mofletes arrugados,
tus ojos con lágrimas,
tus ojos por tu flequillo tapados
tu alma triste y enfadada
tu sufrir, lo sufro, y mi desdén también.
Me duele tanto, Blanca.
Te quiero,
y estoy loco, y ese es mi problema.
Hay un conflicto de primer mundo en mis sentidos,
Habiendo ganado la guerra
mi país se ha revolucionado,
se ha levantado en furia contra mi
cuando quería solamente, darles
ese, nuestro mundo utópico y soñado,
¡ese del que tanto hemos hablado!
De facilidad, sin discusiones.
No usaré a mi ejercito
no, no haría eso por mi.
No quiero eso para mi pueblo
menos lo quiero para ti.
Oh Diosa revolucionaria de mis sentidos
Comandante de esta revolución sin armas.
En tus manos está el fin de esta guerra;
de este mi interior conflicto.
Anónimo
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