jueves, 7 de enero de 2016

Pensamientos

Nota: esto lo escribí muy morado.

El café resulta, además de irresistible y altamente necesario, interminable. Pero no interminable en el sentido de quien lo pasa mal y está más allá del agobio, por ejemplo, durante los últimos instantes temporales de una clase de lengua un viernes a las cuatro de la tarde y sin comer, no. Resulta una preciosa herramienta, y maquinaria a la vez, que fabrica este rico y noble mejunje, pasaporte hacia un bienestar de carácter casi celestial. Te sume en una nube de placer gastronómico, te convierte las papilas gustativas en una privilegiada mesa de jueces, los cuales, presentes ante este manjar, sólo pueden deleitarse y regalar, con todo el merecimiento del mundo, una puntuación de diez a este líquido inmortal que transcurre por tu garganta hasta tu cerebro, pasando por tu estómago y dejando a su paso una sensación colocativa que, en toda totalidad, te transportan a un mundo bello. Luego, te pones a escuchar melodías de grandes genios de la música. Y deseas que esté aquí, acompañandote en tu viaje como fiel corcel a su respetable amo, que más que dueño, es amigo de salvación, amigo de pensas y alegrías, compañero de Vida. Deseo que estés aquí.
Desearías que cambiaras,
siempre te he querido.
Y siempre lo haré.

Porque tu eres mi reina,
tu eres mi señora, mi gran mujer.
No sabes cuanto daría porque estuvieras aquí,
no sabes, en serio no alcanzas
a entender cómo te amo.

Eres mi musa, mi alegría y mi esperanza.
Eres la niña de mi ascensor, aquella cabina dentro de la cual me encerraría sólo contigo, sólo a tu vera.
Siente cómo lo hago, como te adoro. Si por mi fuera, serías perfecta.
Pero no lo eres.
No eres aquella que conocí aquel verano, de la que luego pensé estar enamorado.
No eres aquella dulce niña que me pareció un ángel jugando al parchís vital. No, no eres aquella bella mujer, inteligente como ninguna, divertida más que nadie, preciosa como tú sola. No, no lo eres. Pues pienso que no estás en el mundo, que no estás aquí conmigo. Te he sentido cerca tantas veces que no voy a confundirte más con otras, pues te conozco muy bien para ello. Me da mucha tristeza conocerte y a la vez no tenerte. Me da angustia sustituirte, pues eres la única con la que me gustaría estar, Pero no te creas que voy a caer en tu juego. No, no eres ninguna de aquellas, no, no lo eres, pues no creo ni que existas.

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